jueves, 21 de abril de 2011

Mi shofar y yo ♥

Lo primero que escribí no me gustó, estuvo bien emo, pero ya qué se supone que hice esto para escribir lo que se me antojara.

Según yo tenía ganas de escribir muchas cosas y ahora que puedo no se me ocurre nada.
Pero estoy viendo una película, típica película que ponen en Jueves Santo, de los 10 mandamientos y sonaron un shofar. Déjenme contarles que un shofar es un cuerno de Kudú que se usa para llamamiento de guerra en el mundo cristiano, se toca comunmente en las danzas (ni idea de lo que estoy escribiendo) después ahondaré más. La cosa es que me encanta el shofar.

La primera vez que vi uno fue cuando en mi antiguo ministerio de música compraron uno, y todos lo trataban de soplar, a ver quién le sacaba sonido. Todos se lo pasaban y nadie podía, olía horrible y yo sólo lo intenté una vez, a diferencia de todos los demás, que querían tenerlo mucho rato para soplarlo bien. Un día yo le saqué un sonidillo extraño, pero no fui la única, otros dos compañeros pudieron. Necesitaban que alguien lo tocaran en un retiro multitudinario muy importante y nos escogieron a 3 que más o menos le supiéramos, pero uno era el coordinador y tenía mucho trabajo y la otra creo que no podía practicar, no me acuerdo por qué. Entonces quedé yo, y aprendí a tocarlo decentemente en 3 sábados, cuando nos juntábamos a ensayar para el retiro aquel, también hacíamos ejercicios para el diafragma, la garganta y la respiración, además de vocalizar mucho rato, era muy cansado. Al final me ponía yo sola a darle al shofar, sin nadie que me ensayara porque era algo nuevo en los ministerios de música. Los tutoriales de YouTube ayudaron mucho. Cuando llegó el retiro me daba miedo que no me saliera, tenía un micrófono frente a mí y detrás de ese micro había como 2 mil personas escuchando, gracias a Dios todo salió bien y creo que su sonó padre.

Después en el ministerio hubo malentendidos y mi mejor amigo se salió, o lo salieron, como quieran verlo y habló con la coordinadora general del movimiento, para que lo orientara porque él quería seguir sirviéndole a Dios y ella le dijo que en su comunidad no había ministerio de música y lo invitó a formar uno allá. Tengo que decir que él y yo teníamos una manera de ver a Dios muy parecida y "tirábamos para el mismo lado" y en el otro ministerio no sentía lo mismo, no es que fueran malos, sino que no había una visión concreta hacia dónde queríamos llegar, hacíamos las cosas sólo para "el domingo siguiente" y no veíamos más allá. Y él y yo teníamos sueños locos, a corto y largo plazo, planeábamos cosas, veíamos a futuro, y además nos enfocábamos mucho hacia la adoración y formábamos un buen equipo, así que, decidí irme al nuevo ministerio, eso significaba seguir mis sueños y muchas cosas bonitas, pero también tenía que dejar muchas comodidades como que tuviéramos a alguen que sabía de música, un equipo de sonido de lo mejor, amistades, y sobre todo: mi querido shofar. Dejé el antiguo ministerio el 8 de mayo de 2010 y nos fuimos a la otra comundidad, donde al parecer sí hacía falta un ministerio de música, o dos jóvenes... nos dieron mucho trabajo, hasta tocamos en las puertas para invitar a retiros y evangelizaciones, donde iban a lo mucho 4 personas y eso era bien cansado para los dos. Y comenzamos nuestro ministerio de evangelización por medio de gráficos, recibimos inspiración de lo alto para hacer varios modelos de playeras, y las vendemos para comprarnos una 'humilde' Fender electroacústica, porque ni guitarra tenemos.
Ya escribí demasiado y nada que ver con el shofar, que es de lo que quería escribir.
El pasado 23 de diciembre llegué a mi casa y había un regalo bajo el árbol de navidad, era una caja larga, como de un metro, estaba muy bien arreglado. mi papá me dijo que alguien lo llevó y que era para mi.
El 24 de diciembre lo abrí, y era lo que nunca pensé que iba a ser: ¡Un shofar, para mi solita!
Casi no lo uso en la iglesia porque no tiene funda, pero a veces lo soplo en mi casa, y es genial tenerlo cuando yo quiera. Después me dijeron quién lo había llevado y resultó ser una compañera de mi ex-ministerio. Claro que le agradecí el regalito tan genial que me dejó. Y desde ahora puedo decir que soy una chica con un shofar.

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